Desde siempre recuerdo mi niñez y mi adolescencia a través de los años a partir de tres pilares fundamentales: La escuela, donde aprendía y me portaba mal, el club donde jugaba al basquet con mis amigos y el restaurant familiar, donde molestaba a todos buscando entrometerme en cada uno de los asuntos.
Fue así que ante mi insistencia me fueron asignando diferentes funciones.
De esta manera con menos aciertos que errores comencé a dar mis primeros pasos en la actividad gastronómica, siempre dentro del seno de mis seres más queridos.
El tiempo fue y sigue pasando y los proyectos, mis proyectos de vida. Luego de la escuela y el basquet vislumbraron la posibilidad de dar forma de crear mi propio restaurant a la vez que formaba mi propia familia, casándome con Natalia con quien tengo dos hijos, Juan Segundo de 11 años y María Jazmín de 7 años. Tres seres hermosos que llenan mis días de alegría a partir de las pequeñas cosas que tiene la vida en familia.
Aquí estamos, hoy. Ahora son mis hijos los que me molestan a mi, haciendome sentir que lo que un día inició mi abuelo, continuó mi padre, preseguí yo seguirá vivo la próxima (ya presente) generación.
Nuestro restaurant es un espacio que se halla sobre la ruta. Que posee servicios a nivel de los lugares más tradicionales de la ciudad.
Apuntamos principalmente a que cada uno de nuestros visitantes reciba una esmerada atención disfrutando de la calidad de nuestros platos en un marco donde el confort y la higiene son paradigmas de nuestro servicio.
En definitiva, nos hallamos muy contentos de poder ofrecerles un espacio donde disfrutar de una reunión en armonía a partir de las exquisiteces (justo es decirlo) de nuestra cocina. De nuestro restaurant. Nada más y nada menos que mi sueño hecho realidad.
Juancho Costa